Cristi Puiu no escatima en tiempo en ninguna de sus obras, no condensa, no apresura, no agobia. El encanto de diseccionar visualmente cada plano, de degustar el mimo con el que la cámara captura cada frame, de fundirte en los largos diálogos que sustentan sus películas... La sutileza de las miradas, de los gestos, las respiraciones entrecortadas. Te tendrás que acostumbrar a la paciencia si quieres que el universo Puiu beba de ti o si, por el contrario, eres tú quien quiere beber de él. La poesía de Cristi Puiu reside en los detalles, en los matices, en las pequeñeces, es una poesía para leer dos veces. En un mundo acelerado donde el sistema nos fuerza a producir, leer dos veces un poema es un acto de revolución.
La trama es sencilla: un sacerdote ortodoxo llega tarde y esto hará que las tensiones familiares puedan cortarse con un cuchillo. Nos introducimos de lleno en el seno de una familia rumana de clase baja en la que conmemoran la muerte del patriarca de la familia. Así es como llaman a un sacerdote para que realice los rituales pertinentes dentro de la tradición rumana. Es una película donde el pretexto de las interacciones de los personajes es un hombre sin vida que jamás llega a aparecer, sin embargo, nunca deja de ser mencionado, siendo el sujeto elíptico de la película.
A excepción del prólogo, la acción se desarrolla en la unidad familiar y el peso argumental cae completamente en los diálogos de los miembros de esta familia. El mismo espacio de esta obra adquiere una gran relevancia, ya que es en el mismo donde se dará toda la acción de esta película. Estamos hablando de una casa con una decoración antigua, hortera, maximalista y funcional, un fiel retrato de lo que sería un hogar tradicional rumano de finales del siglo XX, con ollas en el fregadero, manteles a ganchillo o la vajilla Duralex, dotando a la obra con el tono costumbrista que tanto se agradece en este tipo de cine. Con esto se logra una obra mucho más doméstica y naturalista, las conversaciones de los miembros de esta familia traspasan la cámara y sentimos que sobramos o incluso que estamos interrumpiendo una intimidad, de alguna forma sentimos la incomodidad de estar escuchando una conversación que quizá no nos correspondería oír. Se perciben confesiones, tensiones y dinámicas propias del choque generacional, con las diferentes circunstancias vitales de los individuos, sus experiencias en este mundo enfermo. Mundo enfermo y asfixiante en el que la familia participa como sustentadora del mismo, promulgando relaciones problemáticas, infidelidades y traiciones, todo justificado con lazos familiares y sin perder los aires de comedia ácida tan característicos del director. En definitiva: un capítulo de Aquí no hay quien viva a la rumana, intercambiando a Marisa por una abuela rumana prosoviética con ushanka. Sin embargo, el hecho de que esté basada en una familia rumana no quiere decir que no podamos vernos a nosotros mismos y a nuestra familia en esta película. Cristi Puiu de una forma magistral consigue retratar en esta cinta, cargada de referencias culturales rumanas, a cualquier familia de clase baja que se precie mostrando que realmente no somos tan diferentes pues los problemas que conlleva la clase social es algo universal. Por ello, es tremendamente sencillo ver en esta película a tus abuelos o a tus tíos, todos hemos desidealizado a algún miembro de nuestra familia en el momento en el que le hemos escuchado hablar de política o todos hemos visto cómo nuestros abuelos retratan episodios durísimos de su vida con una naturalidad y una disociación que nos ha dejado helados.
Por otro lado, la duración de la película se corresponde al marco temporal de la acción dentro de la misma, el tiempo está sincronizado. Es decir, las tres horas que dura la película es justamente las tres horas que dura la comida familiar, esto reincide en que el cine se parece a la vida. Este recurso genera en el espectador una claustrofobia también reproducida en las paredes de la casa, pequeña y estrecha como para albergar a toda la familia. Esto se puede ver perfectamente en la película Clèo de 5 a 7 (1962) de la cineasta Agnès Varda, donde en el propio título de la película se puede ver lo que dura la acción ficticia y, por ende, también lo que dura la obra.
Otro gran protagonista de esta película es la cámara, que actúa como un personaje más y es lo que dota a esta película del carácter tremendamente intimista e intrusivo. Con esta película, Cristi Puiu se consolida como uno de directores con mejor uso de la cámara del cine europeo. La cámara se infiltra en esta familia, se esconde y se escabulle en las habitaciones casi de forma fantasmagórica, como en una especie de coreografía como si fuera un personaje invisible o el propio abuelo muerto observando cómo está funcionando su familia sin él. En ciertos momentos capta planos cortados, conversaciones a medias, realiza barridos donde se observan escenas que están pasando de fondo hasta que decide fijar el objetivo en una de ellas, de forma prácticamente arbitraria. Existen pocos cortes, priman los planos secuencias y la estabilidad de la cámara se sacrifica para dotar de un realismo casi documentalista a la cinta.
Cristi Puiu nos muestra una fuerte crítica a la sociedad rumana de la época, algo muy característico de otros autores de la nueva ola del cine rumano. Autores que sufrieron a principio de los 90 la transición al liberalismo económico y se creyeron esas falsas promesas del capitalismo. Ese desasosiego, hastío vital y la desconfianza hacia el sistema se verá reflejado en todo el cine de Puiu como anteriormente hemos visto en su aclamada obra La muerte del señor Lăzărescu. Sin embargo, este tipo de cine no es plato de buen gusto en su país de origen ya que no a todo el mundo le gusta que le señalen este tipo de problemáticas que crean heridas e infectan las que jamás se cerraron.
Como conclusión diré que esta notable obra de Cristi Puiu, no solo merece su nominación a la Palma de Oro de Cannes, si no que también merecen numerosas menciones y un estudio exhaustivo, siendo una de las películas rumanas más importantes e interesantes del siglo XX. De una forma completamente abrupta y a pasos agigantados, Rumanía se va abriendo paso en el cine creando obras de una gran calidad y gusto, con una gran fuerza compositiva y con temáticas que ya hemos visto con anterioridad pero tratadas de una forma única y dotándolas de un precioso costumbrismo que te impedirá que dejes de pensar en la película, utilizando la crítica social cómo un cóctel molotov que jamás podrás esquivar.
Esta obra se puede encontrar en la plataforma Filmin, siempre y cuando siga ahí para cuando se lea esta humilde reseña.


Muy buena reseña, gracias!!
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